LA VISIÓN DEL JUDAÍSMO

por ROSA PRES BURGUER
(Conferencia impartida el 30 agosto de 2000)

PRIMERA PARTE

El judaísmo se caracteriza también por una trinidad, una trinidad que está compuesta por un Dios, el del Sinaí , por un pueblo, el de Israel, y por un país que es tierra santa.

El mensaje es inseparable del pueblo que o recibe y éste solamente se concibe en relación con sus sueños, su doble pertenencia será eterna, pertenencia siempre terrenal y celeste, y sólo podrá encontrar armonía en esta Triada de la que forma parte. De ahí la dificultad que hay muchísimas veces para definir con exactitud las perspectivas de esta religión o del judaísmo en primera instancia.

La originalidad del encuentro con un Dios de un pueblo y su tierra, la historia que realmente traicionaría si se sacrificara uno de los términos de la alianza, porque es una trinidad que va junta. La liturgia celebra 5760 años del tiempo histórico de Israel; Abraham que vivió hace 4000 años aproximadamente, la conmemoración de la destrucción del templo que se remonta ya a dos mil años —quizá si buscamos entre las culturas de la humanidad sólo los chinos y los hindúes siguen actualmente siendo testigos de tantos otros años— el Islam también, si tomamos los orígenes del Islam desde antes de la cultura árabe. En el caso del judaísmo tiene otra originalidad, es la religión de un pueblo pequeño del que se habla desproporcionadamente en el mundo, y que tuvo en el primer tercio de su historia su principal arraigo en Tierra Santa. Después otra etapa a partir de la destrucción del templo, en el año 586, por Babilonia, y en el año 70 después de Cristo, bajo los Romanos, bajo un exilio, todo esto los va a disociar por un tiempo de su sueño natal que retornará en una religión esencialmente universalista. Con el correr de los siglos nos vamos encontrar presentes en casi todos los países de los cinco continentes que bajo cualquier forma, y en parte, prolongan o enriquecen esa herencia.

Su historia está encalvada también en la geografía universal. Dominar totalmente la disciplina del judaísmo requiere conocer por un lado el hebreo, el arameo, lenguas de la Biblia, del Talmud, y del Sohad, pero también el griego, el árabe; lenguas a través de las cuales se transmitieron grandes obras maestras de la teología judía, sobre todo en la Edad Media en el caso del árabe. También en la mayor parte de las lenguas modernas y demás dialectos que acabaron siendo lenguas también con toda su riqueza, como el idish, como el ladino como el judeo-árabe, lo cual, obliga al historiador a tener que situar los años de la historia del judaísmo en el contexto de todas estas civilizaciones que han transcurrido a lo largo de 4000 años de historia.

La revelación bíblica acontece en medio de todas las antiguas civilizaciones de oriente en egipcios, babilonios, asirios, dititas, persas y toda una pléyade de pueblos; a partir del siglo IV, se confrontó con las culturas de la India, Grecia y Roma, y por fin, ve nacer, crecer, y triunfar, el Cristianismo Apostólico, que también se originó en su seno. Y a partir del siglo VII de la era común, con un mundo renovado con una religión nueva, igualmente hija de la Biblia, que fue el Islam.

En Europa del siglo X al XVII el judaísmo talmúdico se va a desarrollar en la sangre de la cristiandad medieval y de las obras del Renacimiento para posteriormente enfrentarse con los nacionalismos y con sus propios internos matices que va de uno ortodoxo muy cerrado a uno medio y hacia el reformismo, el conservadurismo y ahora, una serie de más corrientes que iremos viendo un poco más adelante hasta llegar a la humanista liberal estructuralista.

Se nos presenta también, casi todo este panorama como si fuera un drama griego, como de una tragedia clásica su génesis es la época Bíblica, su exilio entre las naciones, y en nuestros días, y luego, su retorno nuevamente a la tierra Santa. Sin embargo la verdad no es otra más que la del hombre y, desde luego, encontramos en Moisés el primer Profeta y apóstol que aparece en la historia de la humanidad, la simplicidad y la plenitud infinita de la teofanía del Sinaí, inspiró la teología de judíos, cristiano y musulmanes, confiriéndoles una autonomía absoluta en relación con las filosofías no monoteístas. La relevación Mosaica, constituye un principio absoluto en la historia de la humanidad, Moisés concluyó el pacto que unió a Israel con Dios; las cláusulas están contenidas en el decálogo que define la ley del hombre unido a esa trascendencia del Señor. Como judaísmo veremos que se designa no solamente a la religión judía sino a la colectividad judía, al pueblo judío. La religión no constituye un conjunto de dogmas, ni tampoco una profesión de fe abstracta, sino un sistema que abarca todas las fases de la vida diaria y a demás, en relación con el pueblo judío, es una unidad étnica.

Con el curso del tiempo esta denominación ha sufrido ciertos cambios en su definición en cuanto a religión. Digo que no es un sistema teológico, porque no está fijado por ninguna autoridad eclesiástica reconocida sino que es un conjunto de doctrinas basadas en el monoteísmo ético que constituye la base de la civilización judía, judeo-cristiana, de una indudable alta trascendencia. Define con claridad las pautas que rigen el comportamiento de los hombres con sus congéneres, con su medio, y en última instancia, también con el Todo Poderoso, que conlleva mantener una vida honesta, una conducta honorable basa en principios morales que son los que les fueron otorgados a los miembros del pueblo judío no sólo para ellos, si no para beneficio de toda la humanidad, y cuya práctica, en este sentido, no puede ser opcional. El cumplimiento de buenas acciones a sus semejantes, es una característica indispensable para la convivencia entre los hombres. Los principios éticos vienen a ser el centro de la religión y de la cultural naciones, y constituyen además la enseñanza toda de lo que es el judaísmo, obliga a la lucha contra la irracionalidad en el hombre. Sus preceptos generales se basan en el principio "amarás a tu prójimo como a ti mismo" y "no hagas a los otros lo que no quieras para ti".

En alguna ocasión que se acercaron a un gran maestro y le preguntaron: cómo se podría definir el judaísmo en el tiempo que dura uno parado sobre un pie. Él contestó "amaras a tu prójimo como a ti mismo y lo demás son sólo simples comentarios". De estas ideas se derivan una serie de exigencias, decretos para que el deber ser resulte compatible con la realidad. En cierto sentido, decía que carece de dogmas, porque no se le exige al judío que crea en ciertas doctrinas como condición para su salvación, pero sí se espera de todo judío la observancia de la ética Bíblica. Las creencias judías se relacionan con toda la nación, ese concepto del pueblo elegido es solamente como trasmisión de la misma, de la religión judía. No es sin embargo, por lo mismo, exclusivamente nacionalista desde el momento en que considera que Dios es Uno; por lo tanto, es de todos, y por consecuencia, de la humanidad entera, y hace de la humanidad una sola, lo cual es una de las grandes enseñanzas y, diría yo, con lo que comienza la Biblia y que nos convierte a todos en hermanos. Hijos del mismo padre.

Si queremos hablar de una madre, pues sería igual, Adán y Eva, el primer simbolismo que encontramos en la Biblia, que el valor más grande que tiene es justamente hablarnos de una humanidad en la que todos somos hermanos, hijos del mismo padre.

Creo que aquí tenemos ya algo que hace al judaísmo muy sui generis, sobre todo si consideramos lo que eran todas las tradiciones que existían de libros sagrados en la antigüedad, en donde todos eran locales, de cada quien, pero no había el concepto universal que la Biblia nos va a traer. La dignidad del individuo y el carácter sagrado de la vida humana son también conceptos y preceptos fundamentales, que se completan con una serie de disposiciones rituales, aplicables al ser judío. Si bien es cierto que los Rabinos han establecido 613 preceptos que se derivan de la Torá, la ley, que en el judaísmo también viene a significar traducido pentateur, o sea, los cinco primeros libros de la Biblia, la observancia cabal de estos preceptos solamente viene a constituir el ideal del judaísmo religioso, pues han surgido en el seno del mismo una serie de corrientes muy diversas, filosóficas, místicas, sectarias, que fueron introduciendo elementos adicionales a través de los cuales tanto el ritual como su filosofía se interpretan de muy diferentes maneras, muchas de las cuales se fueron amoldando a los criterios científicos prevalecientes de cada época. Quiere decir que el judaísmo nunca ha sido monolítico, ni siquiera en sus inicios. Inclusive —y esto sorprende a mucha gente—, la colectividad judía puede no ser religiosa o el individuo puede no ser religioso, y sin embargo estar inserto dentro del judaísmo; aun cuando el judío llegara a violar todos estos preceptos, estrictamente hablando, los códigos de santidad sacerdotal o rabínicos, siguen existiendo muchos otros elementos que le van a seguir identificando como judío, porque no es sólo la religión ni la nacionalidad las que definen suficientemente el judaísmo. Quizá una forma en la que les pueda explicar esto que señalo es que el judaísmo es también, o quizá primero, una nación junto con una religión, pero es también una cultura y una civilización, reúne en su seno el conjunto de todos los elementos que entran en esos términos. Los judíos comparten costumbres, formas de organización social, hábitos, niveles sociales, ideas espirituales, idiomas propios que sirven como medio para los escritos que reproducen el contenido de recuerdos, de aspiraciones del grupo, todo eso le da una individualidad como pueblo y lo diferencia justamente de los demás.

El pueblo judío ha transmitido de generación en generación en un proceso vivo y dinámico, intelectual, social y espiritual, como individuos, y como miembros de un grupo, ideales cuyo contenido se compone de costumbres, de expectativas, y todo ello le da un sentido de continuidad en las generaciones sucesivas y un profundo sentido de unidad entre los contemporáneos de cada generación, que es transmitido a través de la educación y que se va transformando a medida que van surgiendo nuevas necesidades. Se mantiene siempre evolucionando de alguna manera para afrontar el desafío del futuro, presente siempre en cada generación. Indudablemente el sistema de valores que ya he mencionado debido a la Torá, el libro del antiguo testamento, este libro fundamental, menciono nuevamente que ha constituido la base de toda la cultura de occidente, y constituye la experiencia colectiva del pueblo, implica el patrón de conducta individual y comunal. Ahí se expresan los ideales los principios de la vida judía, escritos además de una forma soberbia, cuya lectura ha llevado a un constante entrenamiento de la mente, porque justamente para entenderlo se requiere estudiarlo. Comprender la Biblia, dentro del judaísmo, es andar en el pasado y establecer los fundamentos del futuro; la Biblia es el documento que caracteriza a los judíos inclusive en el mundo, como el pueblo del libro, porque precisamente constituye una biblioteca, un mar de conocimientos indispensables para concebir y comprender al hombre, pero esta expresión indica también la predilección de los judíos por los libros en general, la literatura hebrea que se inicia con Moisés continúa hasta nuestros días; la producción más conocida desde luego es la Torá pero los judíos han contribuido constantemente con creaciones sobresalientes que han ido nutriendo no solamente al judaísmo mismo sino a la cultura universal. Existen obras como el Talmud, que es un conjunto de tratados, de interpretaciones de la ley, filosofía, y ética hebrea, en que todos ellos forman parte de la educación tradicional judía porque sus dialécticas legales, le han servido y le ayudaron al judío notablemente para afilar la mente, y desarrollar una serie de habilidades para inferir y para analizar.

Ustedes saben que una de las cosas a que mucha gente hasta le moleta de los judíos es que para todo tienen una pregunta y responden siempre con otra pregunta, y siempre están cuestionando, y son muy reacios a aceptar una afirmación contundente, siempre están preguntando por qué.

El Talmud también le proporcionó al judío un alimento espiritual, que fue inspiración en toda la nación en el está reflejada la esencia del espíritu profundamente reflexivo del que les hablo, con el que los judíos desde los tiempo inmemoriales se han aproximado a todos lo problemas y cuestionamientos que se les fueron presentando a raíz de su dispersión, de su exilio, de su desenvolvimiento en sociedades tan disímbolas como las que tuvieron que vivir, en las que sus legados y tradiciones tuvieron que sufrir mutaciones para poder adaptarse a las circunstancias y, al mismo tiempo, preservar la ley y el espíritu bajo las cuales fueron concebidas. Si ustedes hacen un poco de imaginación de todo esto que les cuento, los judíos han vivido y siguen viviendo hoy, en los cinco continentes a lo largo de todas las culturas, todas las civilizaciones. De alguna manera siempre se integraron, siempre se adaptaron, por lo demás, pueden imaginarse que fue una labor bastante difícil no perder su identidad y sus características. Literalmente esta palabra de Talmud significa estudio o aprendizaje, es un compendio de la tradición oral que recibió Moisés en el Monte Sinaí, y se transmitió verbalmente de generación en generación; en él se encuentran vertidas las opiniones rabínicas sobre la experiencia del hombre en sus relaciones con la sociedad, con el pueblo de Israel y con Dios, así como las diversas interpretaciones de las leyes Bíblicas, muchas de las prescripciones bíblicas no son lo suficientemente claras en sí mismas para poder ser comprendidas fácilmente por el hombre común y corriente y mucho menos para cómo deben ser puestas éstas en práctica en la vida cotidiana, de ahí que los sabios que se les llamaba Tanaitas se dedicaron a analizar los textos bíblicos y aportaron una serie de explicaciones adicionales para su comprensión a través de la elucidación de cada una de sus palabras. En un principio, las enseñanzas de los Tananitas –que a partir del 50 de la era cristiana fueron llamados rabís- se transmitieron en forma oral, pero conforme el volumen de su conocimiento aumentó, la memoria humana fue incapaz de preservarlos, los escribas (soferim) recopilaron sus aclaraciones y sus interpretaciones en forma escrita. La sistematización de los textos que posteriormente condujo a su redacción definitiva en diferentes épocas, fue también realizada igualmente por diferentes maestros que originaron primero la MISHA, del verbo "estudiar, repetir", primer documento escrito, consagrado por el pueblo, que sucedía a la Biblia y que constituía su exégesis, sobre todo en lo referente a las leyes éticas y litúrgicas. Su texto está divido en seis órdenes: Tratado sobre agricultura, sobre el Shabat y las fiestas judías; sobre los derechos y obligaciones matrimoniales; sobre el derecho civil y penal; sobre la leyes sacras, ofrenda y servicios del Templo; sobre leyes de pureza e higiene. Esta obra es un portento de compilación, decantada, ordenada, codificada didácticamente por RABI JUDA HA NASI. Fue redactada en neo-hebreo, una evolución del hebreo de los tiempos bíblicos que cuenta con diferencias gramaticales y de vocabulario por la inserción de las palabras en arameo, griego y latín. A base de esta Mishná creció la Guemara –significa "estudio, profundización" en arameo— y constituye la segunda parte suplementaria del Talmud. Está conformada por los comentarios a la Mishná que surgieron a raíz de las distorsiones de los intérpretes –amoraim- quienes discutían párrafo por párrafo de la Mishná, buscando los fundamentos bíblicos de sus leyes. Se estudia cada ley en todos sus aspectos y en todas sus consecuencias desarrollando labor fundamentalmente exegética, hermenéutica, y de este modo resolvían las contradicciones o posibles indecisiones a través de esta especie de sutil dialéctica que confronta versículos, interpretaciones lejanas y cercanas, lecturas que ofrecen sentidos inéditos pero que puedan responder a la realidad histórica.

La Mishná es única, en cambio hay dos creaciones que merecen el nombre de Talmud: uno compuesto en Jerusalén, y otro en Babilonia, los cuales siguen siendo libros de cabecera de la existencia judía, no solamente para religiosos, también para laicos porque se sigue estudiando aún con otra interpretación.

El judío moderno puede escoger del mismo aquello que vaya con su entendimiento. Puede ser ortodoxo o humanista y descubrir los valores en forma diferente. Interpretar por quien y para quien fue escrita y qué quisieron decir esos hombre en la época en que fueron redactados, que llevan sin lugar a dudas a puntos de vista y aplicación del judaísmo de forma diferente. Las diferencias están justamente en la interpretación de la ley y su aplicación. Esto trajo consigo divisiones básicamente en corrientes diferentes como son la ortodoxa, con a su vez varias diferencias, algunas más y otras menos extremas, y otras formas de corrientes religiosas como la conservadora o reformista, las cuales a su vez dieron origen a las más modernas del constructivismo o humanista.

El judaísmo está basado en la libertad de discusión. No tiene una cúpula eclesiástica, no tiene por ejemplo un papa, no hay rabino infalible, y éstos no tienen nada que ver con la esencia del judaísmo, en la cual cada grupo puede o no tener un rabino. Dentro mismo de la Biblia hay críticas al sistema, y en cada uno de sus libros, incluso a Dios mismo se le ve de diferente manera y se le cuestiona y analiza, lo cual ha hecho del pueblo judío un pueblo de pensamiento libre, todo puede ser puesto en duda, quizás la única condición es la de que debe ser sometido al estudio. Y este no es un privilegio, sino una obligación, la primera que un padre o madre tiene con sus hijos, y una de sus leyes más importantes, es enseñar a preguntar, a cuestionar para poder educar.

Quizás todo lo anterior pueda parecer complicado de entender, pero ello constituye justamente una de sus características, que provienen de la forma misma en que la Biblia fue escrita, por eso se reconoce que existen paradojas que originan numerosas contradicciones.

El ideal de la sabiduría alcanza en el mundo talmúdico su ideal máximo, la Torá se presenta como un libro siempre abierto y predispuesto para una nueva interpretación; para un nuevo sentido. El estudio, la sabiduría, implican libertad de espíritu, todo lo contrario al dogmatismo. Se percibió claramente que en el estudio reposa la savia vital de un pueblo, y le permitió a la Torá tener vigencia, porque siempre puede ser vista con nuevos ojos. Cada generación tiene sus intérpretes.

Ahora bien, didácticamente podemos hablar de dos ejes centrales sobre los cuales se mueve el mundo del Talmud y el cual ejerce su influencia en el judaísmo total. Uno es llamado Halajá –ley-, el otro se denomina Agadá –narración, leyenda, exégesis en forma de relato.

La Halajá —del hebreo "HOLEG", que significa caminar— ha surgido como un compendio de normas que incluyen leyes y preceptos que responden a la preguntas de ¿Qué hacer? y ¿Cómo hacer?, una guía a través de la cual se edifica y se planea, indicando que la vida se compara a un viaje, y se aplica al conjunto de normas y leyes religiosas.

Desde la más remota época, existía al lado de la ley de Moisés, que fue canonizada en la época de Ezra, después de la restauración persa, un conjunto de leyes orales que no se habían consignado por escrito. En varios libros de la Biblia se hace patente que había reglas no consignadas que presuponen costumbres más antiguas a su redacción —libros de Jeremías, de Ruth, de Reyes etc.— pero ya establecidas en la conducta del pueblo, que no había necesitad de explicar con detalle, pero que llegaron a constituir normas legales que aún cuando no derivan inmediatamente de la Biblia, sí comprenden las costumbres, los decretos rabínicos, las reglas hermenéuticas derivadas, y que aún cuando no es posible precisar con exactitud, tuvieron una tremenda influencia no sólo en la religión sino en el uso, costumbres y tradiciones del judaísmo. La palabra "dat" que significa "Ley" llegó a ser sinónimo de religión. La expresión "La Ley de Moisés", en muchos idiomas modernos se ha conservado como sinónimo de religión. La ley oral no era inferior a la Torá, pues ambas se consideraban como manifestación de la revelación divina, y ambas fueron otorgadas en el Sinaí. De allí que la tradición, la interpretación y su explicación por los escribas y más tarde por los rabinos tenían la misma autoridad. Sin embargo, no se puede comprender esto equivocadamente. Los rabinos no dudaban nunca de la autoridad suprema de la Torá, sólo querían subrayar que ante lo numerosos mandamientos o preceptos del Pentateuco no hay indicación precisa en la forma que éstos deben cumplirse, ellos se adjudican la autoridad suficiente para ello. Esta insuficiencia originó como hemos visto al Talmud, que tuvo su origen en el "Midrash", de la raíz hebrea "daros" investigar, buscar, y desarrollaron dos tipos, según el texto.

Estas interpretaciones de la Halajá formaron desde épocas inmemoriales interpretaciones complicadas sobre los aspectos legalistas, filosóficos, éticos o teológicos de la Biblia, aún antes de la canonización definitiva de la misma. Creían siempre que no había palabras superfluas en los libros sagrados, y que todo lo consignado en ellos tenía un significados más profundo.

De todo lo anterior podemos incluir que históricamente las comunidades judías cuando fueron dispersadas, tenían que asegurarse la autonomía jurídica, que iba más allá de las cuestiones religiosas, para abarcar la ley civil, la administrativa, e incluso la criminal, desde la destrucción del Estado judío en el 70 de la era actual. Con su situación de marginalidad, sin la observancia estricta de ciertas prácticas rituales y ceremonias religiosas que conllevaban la aceptación de la autoridad suprema de la ley judía, experimentaron una mayor creatividad y una evolución estructural hasta conformar un cuerpo masivo de literatura legal. Sin embargo desde la emancipación (S. XVIII) y la consecuente integración de los judíos a la vida política y nacional de las sociedades en las que vivían, la autoridad de esta legislación se ha limitado a las cuestiones religiosas, y para muchas de las autoridades rabínicas la ley se convirtió en un fin en sí mismo. Y dispusieron que en esta fuente estan dispuestas todas las normas que han de regular la existencia del hombre en todos sus momentos: de alegría, en el duelo, en el matrimonio, en la separación y en cada día prosaico, en lo que viste, come, dice etc. El hombre en lo vivencial, se convierte en el objeto y objetivo de la Torá-Ley Pentateuco. No está solo, pertenece a una comunidad, que desde luego no le impide su propia individualidad que debe ser respetada, aún cuando caiga fuera del marco de la Torá, lo liga la comunicación con los otros, por medio de un mundo compartido en usos, costumbres, rituales, celebraciones, manera de ser y hacer. Que identifican a una persona con otra, una tradición y trascendencia histórica, que les da sentido y proyección como Pueblo. A pesar de que la fe es la base a partir de la cual la Halajá se desarrolla, ésta misma enfatiza los actos, esto es las obligaciones éticas y exige un compromiso de conducta.

De esta manera de legislación se convirtió en el camino elegido para asegurar y perpetuar la forma de vida, que constituye el conjunto de normas que han pasado a ser la reguladoras de las relaciones del hombre con Dios, con el prójimo, y la naturaleza. Estas premisas conceptuales se han traducido a la vida cotidiana y señala los métodos para la concretización de la teoría, principios y credo. La Halajá también ha permitido el consenso entre judíos de distintos orígenes y opiniones diversas, y sus diferencias se han traducido, como ya he expuesto en las diferentes corrientes, religiosas y laicas. Indistintamente algunas aceptan las decisiones legales en algunas áreas, o bien rechazan más o menos, la fuerza de lal tradicional Halajá, dando ciertas libertades.

Vemos pues que el judaísmo no representa sólo a un grupo religioso ni étnico. La religión es una de las características de la comunidad, pero incluso el que la abandona, sigue siendo judío al reconocerse como tal no sólo por nacimiento, pues se pudo romper la cadena en cualquier momento, sino al mantener un vínculo ante la realidad histórica y el conjunto de valores inherentes a la misma. Encuentra su identidad en el compromiso con los principios generales a su cultura, que le hace compartir los momentos decisivos de la vida con la comunidad judía, aceptando la fuerte tradición que aún cuando ha cobrado nuevas formas, se proyecta en el porvenir como una voz brotada de la lejanía, que le puede hacer objetar el ceremonial alegando en ocasiones un primitivismo o incluso superstición extemporánea, pero reconociendo en ello uno de los matices del mismo pueblo al que pertenece, e identificándose con otros varios rasgos, como la alta estima hacia todo esfuerzo intelectual y del espíritu, que le ha impulsado a contribuir para el progreso y el conocimiento en su más amplio término, con un espíritu crítico que le impide obediencia ciega a cualquier autoridad que pretenda serlo en lo moral; reconociendo la sabiduría acumulada por sus antepasados, pero como algo no fijo ni definitivo y que justifica plenamente su pertenencia a una misma tradición y pueblo, pero adaptándolo a un todo social más vasto, reinterpretando su contenido.