LA
VISIÓN DEL JUDAÍSMO
por ROSA PRES BURGUER
(Conferencia
impartida el 30 agosto de 2000)
PRIMERA
PARTE
El
judaísmo se caracteriza también por una trinidad, una trinidad
que está compuesta por un Dios, el del Sinaí , por un pueblo,
el de Israel, y por un país que es tierra santa.
El mensaje es inseparable del pueblo que o recibe y éste solamente
se concibe en relación con sus sueños, su doble pertenencia
será eterna, pertenencia siempre terrenal y celeste, y sólo
podrá encontrar armonía en esta Triada de la que forma parte.
De ahí la dificultad que hay muchísimas veces para definir
con exactitud las perspectivas de esta religión o del judaísmo
en primera instancia.
La originalidad del encuentro con un Dios de un pueblo y su tierra, la
historia que realmente traicionaría si se sacrificara uno de los
términos de la alianza, porque es una trinidad que va junta. La
liturgia celebra 5760 años del tiempo histórico de Israel;
Abraham que vivió hace 4000 años aproximadamente, la conmemoración
de la destrucción del templo que se remonta ya a dos mil años
quizá si buscamos entre las culturas de la humanidad sólo
los chinos y los hindúes siguen actualmente siendo testigos de
tantos otros años el Islam también, si tomamos los
orígenes del Islam desde antes de la cultura árabe. En el
caso del judaísmo tiene otra originalidad, es la religión
de un pueblo pequeño del que se habla desproporcionadamente en
el mundo, y que tuvo en el primer tercio de su historia su principal arraigo
en Tierra Santa. Después otra etapa a partir de la destrucción
del templo, en el año 586, por Babilonia, y en el año 70
después de Cristo, bajo los Romanos, bajo un exilio, todo esto
los va a disociar por un tiempo de su sueño natal que retornará
en una religión esencialmente universalista. Con el correr de los
siglos nos vamos encontrar presentes en casi todos los países de
los cinco continentes que bajo cualquier forma, y en parte, prolongan
o enriquecen esa herencia.
Su historia está encalvada también en la geografía
universal. Dominar totalmente la disciplina del judaísmo requiere
conocer por un lado el hebreo, el arameo, lenguas de la Biblia, del Talmud,
y del Sohad, pero también el griego, el árabe; lenguas a
través de las cuales se transmitieron grandes obras maestras de
la teología judía, sobre todo en la Edad Media en el caso
del árabe. También en la mayor parte de las lenguas modernas
y demás dialectos que acabaron siendo lenguas también con
toda su riqueza, como el idish, como el ladino como el judeo-árabe,
lo cual, obliga al historiador a tener que situar los años de la
historia del judaísmo en el contexto de todas estas civilizaciones
que han transcurrido a lo largo de 4000 años de historia.
La revelación bíblica acontece en medio de todas las antiguas
civilizaciones de oriente en egipcios, babilonios, asirios, dititas, persas
y toda una pléyade de pueblos; a partir del siglo IV, se confrontó
con las culturas de la India, Grecia y Roma, y por fin, ve nacer, crecer,
y triunfar, el Cristianismo Apostólico, que también se originó
en su seno. Y a partir del siglo VII de la era común, con un mundo
renovado con una religión nueva, igualmente hija de la Biblia,
que fue el Islam.
En Europa del siglo X al XVII el judaísmo talmúdico se va
a desarrollar en la sangre de la cristiandad medieval y de las obras del
Renacimiento para posteriormente enfrentarse con los nacionalismos y con
sus propios internos matices que va de uno ortodoxo muy cerrado a uno
medio y hacia el reformismo, el conservadurismo y ahora, una serie de
más corrientes que iremos viendo un poco más adelante hasta
llegar a la humanista liberal estructuralista.
Se nos presenta también, casi todo este panorama como si fuera
un drama griego, como de una tragedia clásica su génesis
es la época Bíblica, su exilio entre las naciones, y en
nuestros días, y luego, su retorno nuevamente a la tierra Santa.
Sin embargo la verdad no es otra más que la del hombre y, desde
luego, encontramos en Moisés el primer Profeta y apóstol
que aparece en la historia de la humanidad, la simplicidad y la plenitud
infinita de la teofanía del Sinaí, inspiró la teología
de judíos, cristiano y musulmanes, confiriéndoles una autonomía
absoluta en relación con las filosofías no monoteístas.
La relevación Mosaica, constituye un principio absoluto en la historia
de la humanidad, Moisés concluyó el pacto que unió
a Israel con Dios; las cláusulas están contenidas en el
decálogo que define la ley del hombre unido a esa trascendencia
del Señor. Como judaísmo veremos que se designa no solamente
a la religión judía sino a la colectividad judía,
al pueblo judío. La religión no constituye un conjunto de
dogmas, ni tampoco una profesión de fe abstracta, sino un sistema
que abarca todas las fases de la vida diaria y a demás, en relación
con el pueblo judío, es una unidad étnica.
Con el curso del tiempo esta denominación ha sufrido ciertos cambios
en su definición en cuanto a religión. Digo que no es un
sistema teológico, porque no está fijado por ninguna autoridad
eclesiástica reconocida sino que es un conjunto de doctrinas basadas
en el monoteísmo ético que constituye la base de la civilización
judía, judeo-cristiana, de una indudable alta trascendencia. Define
con claridad las pautas que rigen el comportamiento de los hombres con
sus congéneres, con su medio, y en última instancia, también
con el Todo Poderoso, que conlleva mantener una vida honesta, una conducta
honorable basa en principios morales que son los que les fueron otorgados
a los miembros del pueblo judío no sólo para ellos, si no
para beneficio de toda la humanidad, y cuya práctica, en este sentido,
no puede ser opcional. El cumplimiento de buenas acciones a sus semejantes,
es una característica indispensable para la convivencia entre los
hombres. Los principios éticos vienen a ser el centro de la religión
y de la cultural naciones, y constituyen además la enseñanza
toda de lo que es el judaísmo, obliga a la lucha contra la irracionalidad
en el hombre. Sus preceptos generales se basan en el principio "amarás
a tu prójimo como a ti mismo" y "no hagas a los otros
lo que no quieras para ti".
En alguna ocasión que se acercaron a un gran maestro y le preguntaron:
cómo se podría definir el judaísmo en el tiempo que
dura uno parado sobre un pie. Él contestó "amaras a
tu prójimo como a ti mismo y lo demás son sólo simples
comentarios". De estas ideas se derivan una serie de exigencias,
decretos para que el deber ser resulte compatible con la realidad. En
cierto sentido, decía que carece de dogmas, porque no se le exige
al judío que crea en ciertas doctrinas como condición para
su salvación, pero sí se espera de todo judío la
observancia de la ética Bíblica. Las creencias judías
se relacionan con toda la nación, ese concepto del pueblo elegido
es solamente como trasmisión de la misma, de la religión
judía. No es sin embargo, por lo mismo, exclusivamente nacionalista
desde el momento en que considera que Dios es Uno; por lo tanto, es de
todos, y por consecuencia, de la humanidad entera, y hace de la humanidad
una sola, lo cual es una de las grandes enseñanzas y, diría
yo, con lo que comienza la Biblia y que nos convierte a todos en hermanos.
Hijos del mismo padre.
Si queremos hablar de una madre, pues sería igual, Adán
y Eva, el primer simbolismo que encontramos en la Biblia, que el valor
más grande que tiene es justamente hablarnos de una humanidad en
la que todos somos hermanos, hijos del mismo padre.
Creo que aquí tenemos ya algo que hace al judaísmo muy sui
generis, sobre todo si consideramos lo que eran todas las tradiciones
que existían de libros sagrados en la antigüedad, en donde
todos eran locales, de cada quien, pero no había el concepto universal
que la Biblia nos va a traer. La dignidad del individuo y el carácter
sagrado de la vida humana son también conceptos y preceptos fundamentales,
que se completan con una serie de disposiciones rituales, aplicables al
ser judío. Si bien es cierto que los Rabinos han establecido 613
preceptos que se derivan de la Torá, la ley, que en el judaísmo
también viene a significar traducido pentateur, o sea, los cinco
primeros libros de la Biblia, la observancia cabal de estos preceptos
solamente viene a constituir el ideal del judaísmo religioso, pues
han surgido en el seno del mismo una serie de corrientes muy diversas,
filosóficas, místicas, sectarias, que fueron introduciendo
elementos adicionales a través de los cuales tanto el ritual como
su filosofía se interpretan de muy diferentes maneras, muchas de
las cuales se fueron amoldando a los criterios científicos prevalecientes
de cada época. Quiere decir que el judaísmo nunca ha sido
monolítico, ni siquiera en sus inicios. Inclusive y esto
sorprende a mucha gente, la colectividad judía puede no ser
religiosa o el individuo puede no ser religioso, y sin embargo estar inserto
dentro del judaísmo; aun cuando el judío llegara a violar
todos estos preceptos, estrictamente hablando, los códigos de santidad
sacerdotal o rabínicos, siguen existiendo muchos otros elementos
que le van a seguir identificando como judío, porque no es sólo
la religión ni la nacionalidad las que definen suficientemente
el judaísmo. Quizá una forma en la que les pueda explicar
esto que señalo es que el judaísmo es también, o
quizá primero, una nación junto con una religión,
pero es también una cultura y una civilización, reúne
en su seno el conjunto de todos los elementos que entran en esos términos.
Los judíos comparten costumbres, formas de organización
social, hábitos, niveles sociales, ideas espirituales, idiomas
propios que sirven como medio para los escritos que reproducen el contenido
de recuerdos, de aspiraciones del grupo, todo eso le da una individualidad
como pueblo y lo diferencia justamente de los demás.
El pueblo judío ha transmitido de generación en generación
en un proceso vivo y dinámico, intelectual, social y espiritual,
como individuos, y como miembros de un grupo, ideales cuyo contenido se
compone de costumbres, de expectativas, y todo ello le da un sentido de
continuidad en las generaciones sucesivas y un profundo sentido de unidad
entre los contemporáneos de cada generación, que es transmitido
a través de la educación y que se va transformando a medida
que van surgiendo nuevas necesidades. Se mantiene siempre evolucionando
de alguna manera para afrontar el desafío del futuro, presente
siempre en cada generación. Indudablemente el sistema de valores
que ya he mencionado debido a la Torá, el libro del antiguo testamento,
este libro fundamental, menciono nuevamente que ha constituido la base
de toda la cultura de occidente, y constituye la experiencia colectiva
del pueblo, implica el patrón de conducta individual y comunal.
Ahí se expresan los ideales los principios de la vida judía,
escritos además de una forma soberbia, cuya lectura ha llevado
a un constante entrenamiento de la mente, porque justamente para entenderlo
se requiere estudiarlo. Comprender la Biblia, dentro del judaísmo,
es andar en el pasado y establecer los fundamentos del futuro; la Biblia
es el documento que caracteriza a los judíos inclusive en el mundo,
como el pueblo del libro, porque precisamente constituye una biblioteca,
un mar de conocimientos indispensables para concebir y comprender al hombre,
pero esta expresión indica también la predilección
de los judíos por los libros en general, la literatura hebrea que
se inicia con Moisés continúa hasta nuestros días;
la producción más conocida desde luego es la Torá
pero los judíos han contribuido constantemente con creaciones sobresalientes
que han ido nutriendo no solamente al judaísmo mismo sino a la
cultura universal. Existen obras como el Talmud, que es un conjunto de
tratados, de interpretaciones de la ley, filosofía, y ética
hebrea, en que todos ellos forman parte de la educación tradicional
judía porque sus dialécticas legales, le han servido y le
ayudaron al judío notablemente para afilar la mente, y desarrollar
una serie de habilidades para inferir y para analizar.
Ustedes saben que una de las cosas a que mucha gente hasta le moleta de
los judíos es que para todo tienen una pregunta y responden siempre
con otra pregunta, y siempre están cuestionando, y son muy reacios
a aceptar una afirmación contundente, siempre están preguntando
por qué.
El Talmud también le proporcionó al judío un alimento
espiritual, que fue inspiración en toda la nación en el
está reflejada la esencia del espíritu profundamente reflexivo
del que les hablo, con el que los judíos desde los tiempo inmemoriales
se han aproximado a todos lo problemas y cuestionamientos que se les fueron
presentando a raíz de su dispersión, de su exilio, de su
desenvolvimiento en sociedades tan disímbolas como las que tuvieron
que vivir, en las que sus legados y tradiciones tuvieron que sufrir mutaciones
para poder adaptarse a las circunstancias y, al mismo tiempo, preservar
la ley y el espíritu bajo las cuales fueron concebidas. Si ustedes
hacen un poco de imaginación de todo esto que les cuento, los judíos
han vivido y siguen viviendo hoy, en los cinco continentes a lo largo
de todas las culturas, todas las civilizaciones. De alguna manera siempre
se integraron, siempre se adaptaron, por lo demás, pueden imaginarse
que fue una labor bastante difícil no perder su identidad y sus
características. Literalmente esta palabra de Talmud significa
estudio o aprendizaje, es un compendio de la tradición oral que
recibió Moisés en el Monte Sinaí, y se transmitió
verbalmente de generación en generación; en él se
encuentran vertidas las opiniones rabínicas sobre la experiencia
del hombre en sus relaciones con la sociedad, con el pueblo de Israel
y con Dios, así como las diversas interpretaciones de las leyes
Bíblicas, muchas de las prescripciones bíblicas no son lo
suficientemente claras en sí mismas para poder ser comprendidas
fácilmente por el hombre común y corriente y mucho menos
para cómo deben ser puestas éstas en práctica en
la vida cotidiana, de ahí que los sabios que se les llamaba Tanaitas
se dedicaron a analizar los textos bíblicos y aportaron una serie
de explicaciones adicionales para su comprensión a través
de la elucidación de cada una de sus palabras. En un principio,
las enseñanzas de los Tananitas que a partir del 50 de la
era cristiana fueron llamados rabís- se transmitieron en forma
oral, pero conforme el volumen de su conocimiento aumentó, la memoria
humana fue incapaz de preservarlos, los escribas (soferim) recopilaron
sus aclaraciones y sus interpretaciones en forma escrita. La sistematización
de los textos que posteriormente condujo a su redacción definitiva
en diferentes épocas, fue también realizada igualmente por
diferentes maestros que originaron primero la MISHA, del verbo "estudiar,
repetir", primer documento escrito, consagrado por el pueblo, que
sucedía a la Biblia y que constituía su exégesis,
sobre todo en lo referente a las leyes éticas y litúrgicas.
Su texto está divido en seis órdenes: Tratado sobre agricultura,
sobre el Shabat y las fiestas judías; sobre los derechos y obligaciones
matrimoniales; sobre el derecho civil y penal; sobre la leyes sacras,
ofrenda y servicios del Templo; sobre leyes de pureza e higiene. Esta
obra es un portento de compilación, decantada, ordenada, codificada
didácticamente por RABI JUDA HA NASI. Fue redactada en neo-hebreo,
una evolución del hebreo de los tiempos bíblicos que cuenta
con diferencias gramaticales y de vocabulario por la inserción
de las palabras en arameo, griego y latín. A base de esta Mishná
creció la Guemara significa "estudio, profundización"
en arameo y constituye la segunda parte suplementaria del Talmud.
Está conformada por los comentarios a la Mishná que surgieron
a raíz de las distorsiones de los intérpretes amoraim-
quienes discutían párrafo por párrafo de la Mishná,
buscando los fundamentos bíblicos de sus leyes. Se estudia cada
ley en todos sus aspectos y en todas sus consecuencias desarrollando labor
fundamentalmente exegética, hermenéutica, y de este modo
resolvían las contradicciones o posibles indecisiones a través
de esta especie de sutil dialéctica que confronta versículos,
interpretaciones lejanas y cercanas, lecturas que ofrecen sentidos inéditos
pero que puedan responder a la realidad histórica.
La Mishná es única, en cambio hay dos creaciones que merecen
el nombre de Talmud: uno compuesto en Jerusalén, y otro en Babilonia,
los cuales siguen siendo libros de cabecera de la existencia judía,
no solamente para religiosos, también para laicos porque se sigue
estudiando aún con otra interpretación.
El judío moderno puede escoger del mismo aquello que vaya con su
entendimiento. Puede ser ortodoxo o humanista y descubrir los valores
en forma diferente. Interpretar por quien y para quien fue escrita y qué
quisieron decir esos hombre en la época en que fueron redactados,
que llevan sin lugar a dudas a puntos de vista y aplicación del
judaísmo de forma diferente. Las diferencias están justamente
en la interpretación de la ley y su aplicación. Esto trajo
consigo divisiones básicamente en corrientes diferentes como son
la ortodoxa, con a su vez varias diferencias, algunas más y otras
menos extremas, y otras formas de corrientes religiosas como la conservadora
o reformista, las cuales a su vez dieron origen a las más modernas
del constructivismo o humanista.
El judaísmo está basado en la libertad de discusión.
No tiene una cúpula eclesiástica, no tiene por ejemplo un
papa, no hay rabino infalible, y éstos no tienen nada que ver con
la esencia del judaísmo, en la cual cada grupo puede o no tener
un rabino. Dentro mismo de la Biblia hay críticas al sistema, y
en cada uno de sus libros, incluso a Dios mismo se le ve de diferente
manera y se le cuestiona y analiza, lo cual ha hecho del pueblo judío
un pueblo de pensamiento libre, todo puede ser puesto en duda, quizás
la única condición es la de que debe ser sometido al estudio.
Y este no es un privilegio, sino una obligación, la primera que
un padre o madre tiene con sus hijos, y una de sus leyes más importantes,
es enseñar a preguntar, a cuestionar para poder educar.
Quizás todo lo anterior pueda parecer complicado de entender, pero
ello constituye justamente una de sus características, que provienen
de la forma misma en que la Biblia fue escrita, por eso se reconoce que
existen paradojas que originan numerosas contradicciones.
El ideal de la sabiduría alcanza en el mundo talmúdico su
ideal máximo, la Torá se presenta como un libro siempre
abierto y predispuesto para una nueva interpretación; para un nuevo
sentido. El estudio, la sabiduría, implican libertad de espíritu,
todo lo contrario al dogmatismo. Se percibió claramente que en
el estudio reposa la savia vital de un pueblo, y le permitió a
la Torá tener vigencia, porque siempre puede ser vista con nuevos
ojos. Cada generación tiene sus intérpretes.
Ahora bien, didácticamente podemos hablar de dos ejes centrales
sobre los cuales se mueve el mundo del Talmud y el cual ejerce su influencia
en el judaísmo total. Uno es llamado Halajá ley-,
el otro se denomina Agadá narración, leyenda, exégesis
en forma de relato.
La Halajá del hebreo "HOLEG", que significa caminar
ha surgido como un compendio de normas que incluyen leyes y preceptos
que responden a la preguntas de ¿Qué hacer? y ¿Cómo
hacer?, una guía a través de la cual se edifica y se planea,
indicando que la vida se compara a un viaje, y se aplica al conjunto de
normas y leyes religiosas.
Desde la más remota época, existía al lado de la
ley de Moisés, que fue canonizada en la época de Ezra, después
de la restauración persa, un conjunto de leyes orales que no se
habían consignado por escrito. En varios libros de la Biblia se
hace patente que había reglas no consignadas que presuponen costumbres
más antiguas a su redacción libros de Jeremías,
de Ruth, de Reyes etc. pero ya establecidas en la conducta del pueblo,
que no había necesitad de explicar con detalle, pero que llegaron
a constituir normas legales que aún cuando no derivan inmediatamente
de la Biblia, sí comprenden las costumbres, los decretos rabínicos,
las reglas hermenéuticas derivadas, y que aún cuando no
es posible precisar con exactitud, tuvieron una tremenda influencia no
sólo en la religión sino en el uso, costumbres y tradiciones
del judaísmo. La palabra "dat" que significa "Ley"
llegó a ser sinónimo de religión. La expresión
"La Ley de Moisés", en muchos idiomas modernos se ha
conservado como sinónimo de religión. La ley oral no era
inferior a la Torá, pues ambas se consideraban como manifestación
de la revelación divina, y ambas fueron otorgadas en el Sinaí.
De allí que la tradición, la interpretación y su
explicación por los escribas y más tarde por los rabinos
tenían la misma autoridad. Sin embargo, no se puede comprender
esto equivocadamente. Los rabinos no dudaban nunca de la autoridad suprema
de la Torá, sólo querían subrayar que ante lo numerosos
mandamientos o preceptos del Pentateuco no hay indicación precisa
en la forma que éstos deben cumplirse, ellos se adjudican la autoridad
suficiente para ello. Esta insuficiencia originó como hemos visto
al Talmud, que tuvo su origen en el "Midrash", de la raíz
hebrea "daros" investigar, buscar, y desarrollaron dos tipos,
según el texto.
Estas interpretaciones de la Halajá formaron desde épocas
inmemoriales interpretaciones complicadas sobre los aspectos legalistas,
filosóficos, éticos o teológicos de la Biblia, aún
antes de la canonización definitiva de la misma. Creían
siempre que no había palabras superfluas en los libros sagrados,
y que todo lo consignado en ellos tenía un significados más
profundo.
De todo lo anterior podemos incluir que históricamente las comunidades
judías cuando fueron dispersadas, tenían que asegurarse
la autonomía jurídica, que iba más allá de
las cuestiones religiosas, para abarcar la ley civil, la administrativa,
e incluso la criminal, desde la destrucción del Estado judío
en el 70 de la era actual. Con su situación de marginalidad, sin
la observancia estricta de ciertas prácticas rituales y ceremonias
religiosas que conllevaban la aceptación de la autoridad suprema
de la ley judía, experimentaron una mayor creatividad y una evolución
estructural hasta conformar un cuerpo masivo de literatura legal. Sin
embargo desde la emancipación (S. XVIII) y la consecuente integración
de los judíos a la vida política y nacional de las sociedades
en las que vivían, la autoridad de esta legislación se ha
limitado a las cuestiones religiosas, y para muchas de las autoridades
rabínicas la ley se convirtió en un fin en sí mismo.
Y dispusieron que en esta fuente estan dispuestas todas las normas que
han de regular la existencia del hombre en todos sus momentos: de alegría,
en el duelo, en el matrimonio, en la separación y en cada día
prosaico, en lo que viste, come, dice etc. El hombre en lo vivencial,
se convierte en el objeto y objetivo de la Torá-Ley Pentateuco.
No está solo, pertenece a una comunidad, que desde luego no le
impide su propia individualidad que debe ser respetada, aún cuando
caiga fuera del marco de la Torá, lo liga la comunicación
con los otros, por medio de un mundo compartido en usos, costumbres, rituales,
celebraciones, manera de ser y hacer. Que identifican a una persona con
otra, una tradición y trascendencia histórica, que les da
sentido y proyección como Pueblo. A pesar de que la fe es la base
a partir de la cual la Halajá se desarrolla, ésta misma
enfatiza los actos, esto es las obligaciones éticas y exige un
compromiso de conducta.
De esta manera de legislación se convirtió en el camino
elegido para asegurar y perpetuar la forma de vida, que constituye el
conjunto de normas que han pasado a ser la reguladoras de las relaciones
del hombre con Dios, con el prójimo, y la naturaleza. Estas premisas
conceptuales se han traducido a la vida cotidiana y señala los
métodos para la concretización de la teoría, principios
y credo. La Halajá también ha permitido el consenso entre
judíos de distintos orígenes y opiniones diversas, y sus
diferencias se han traducido, como ya he expuesto en las diferentes corrientes,
religiosas y laicas. Indistintamente algunas aceptan las decisiones legales
en algunas áreas, o bien rechazan más o menos, la fuerza
de lal tradicional Halajá, dando ciertas libertades.
Vemos pues que el judaísmo no representa sólo a un grupo
religioso ni étnico. La religión es una de las características
de la comunidad, pero incluso el que la abandona, sigue siendo judío
al reconocerse como tal no sólo por nacimiento, pues se pudo romper
la cadena en cualquier momento, sino al mantener un vínculo ante
la realidad histórica y el conjunto de valores inherentes a la
misma. Encuentra su identidad en el compromiso con los principios generales
a su cultura, que le hace compartir los momentos decisivos de la vida
con la comunidad judía, aceptando la fuerte tradición que
aún cuando ha cobrado nuevas formas, se proyecta en el porvenir
como una voz brotada de la lejanía, que le puede hacer objetar
el ceremonial alegando en ocasiones un primitivismo o incluso superstición
extemporánea, pero reconociendo en ello uno de los matices del
mismo pueblo al que pertenece, e identificándose con otros varios
rasgos, como la alta estima hacia todo esfuerzo intelectual y del espíritu,
que le ha impulsado a contribuir para el progreso y el conocimiento en
su más amplio término, con un espíritu crítico
que le impide obediencia ciega a cualquier autoridad que pretenda serlo
en lo moral; reconociendo la sabiduría acumulada por sus antepasados,
pero como algo no fijo ni definitivo y que justifica plenamente su pertenencia
a una misma tradición y pueblo, pero adaptándolo a un todo
social más vasto, reinterpretando su contenido.
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