Interreligiosidad en el siglo 21

En la contemplación de sí mismo, lo interreligioso se convierte en fe.
La fe es el espíritu de la Verdad,
abre el corazón,
halla el camino hacia el corazón infinito,
momento a momento ve alzarse cada corazón
desde el Amor Primordial.
El Amor es lo humano,
todas las religiones son sirvientes del Amor.
Amor es lo bello,
hablar belleza,
ver belleza,
ser belleza,
no hay programas,
todo es creatividad divina,
tómate de su ala y vuela.
No te identifiques,
vuélvete el sirviente del Uno.
Orar,
unir corazones,
formar el círculo divino,
el aro sagrado de la humanidad.

En este vuelo espacial vertiginoso que llamamos existencia, los seres humanos somos conscientes que para vivir nos es necesaria la presión atmosférica de Lo Sagrado. La cultura, incluyendo la fibra básica del lenguaje, es ya de por sí un ámbito sagrado, una atmósfera espiritualmente respirable. Pero la sacralización consciente de nuestra experiencia humana cotidiana —tanto comunitaria como personal— es constantemente erosionada por el egocentrismo, la negatividad rapaz, el convencionalismo obsesivo y la pérdida de fe.

Sin embargo, y a pesar de la existencia aparente de estas barreras, siempre ha existido un consenso en espíritu. Actualmente, este consenso se manifiesta en el ámbito social por la atracción que ejerce su inteligencia no convencional y su forma compasiva de expresar los más nobles y altos ideales humanos.

Esta coalición natural se integra en el reconocimiento de la elevación de la conciencia como el trabajo humano fundamental, que involucra tanto a laicos como a practicantes, a adeptos y a ciudadanos de toda cultura comprometidos con las diversas tradiciones sagradas. Es una fuerza genuinamente democrática, auto-organizada, que fluye a través de personas de todas las descripciones posibles. Esta fuerza no florece en una estructura compleja con altos niveles de organización. No se la puede confinar en una institución, fundación, empresa sin fines de lucro, compañía, ni en nada convencionalmente calificable.

Esta coalición es un organismo vivo, natural, libre, impredecible. Está compuesto por individuos dedicados a servir al mundo y a desarrollarse a sí mismos como refinados instrumentos de servicio. Ellos aprenden a reunirse en la energía de la buena voluntad, desde la cual fluye sutilmente hacia el mundo entero la auténtica acción compasiva.

El Instituto de Lo Sagrado Luz sobre Luz provee un espacio abierto para esa coalición de servidores que en cada generación, buscan activamente aprender a cultivar con sabiduría el terreno sagrado de la existencia, reconociendo que de lo contrario, se producirá erosión no sólo en los planos de la Creación manifiesta, sino también en el misterioso microcosmos del corazón humano.

La visión comunitaria del mundo físico —no como mera materia, sino como un reino intrínsecamente Sagrado— es la visión consistente y orgánica que siempre han promulgado las tradiciones sagradas. Esta visión tiene el poder de centrarnos y guiarnos a salvo hacia el futuro de la civilización global. Es Lo Sagrado lo que siempre nos ha guiado a salvo hacia todo futuro.

A los seres humanos, para sobrevivir, no sólo nos son indispensables el agua limpia, los alimentos no contaminados, el aire puro y la capa de ozono en buen estado; también necesitamos un mundo sagrado coherente —en el que prevalezca una cultura de aprecio a la diversidad en todas sus expresiones—, amor compasivo y justicia social. Somos seres diseñados para habitar un mundo que es intrínsecamente sagrado, que por su propia naturaleza es infinitamente rico tanto en formas como en significado.

Sólo podemos permanecer humanos o volvernos verdaderamente humanos, existiendo de manera inclusiva y equilibrada, dentro de un ambiente sagrado. Cada generación debe contar con los medios para aprender a caminar sobre esta tierra a sabiendas de que ella y nosotros somos sagrados. Éste es un arte muy sutil; no puede ser impuesto desde afuera por ninguna autoridad organizada, pero sí puede ser cultivado y enriquecido por medio del encuentro, el estudio colectivo y el conocimiento mutuo de los ciudadanos comprometidos de cada uno de los universos sagrados en despliegue.

La básica responsabilidad humana de transmitir de forma consciente y apasionadamente comprometida el sentido de Lo Sagrado y el arte de vivir en Lo Sagrado, es precisamente lo que aportaron con profunda humildad, generación tras generación y desde las tradiciones arcanas, los amantes de Lo Sagrado. A ellos y a ellas estamos profundamente agradecidos. Sólo porque ciertos líderes religiosos y organismos religiosos enteros se hayan contaminado con las partículas del poder y la arrogancia, no invalida la empresa comunal que sostiene y mantiene en expansión nuestro sentido de Lo Sagrado. La corrupción de funcionarios de gobierno o de gobiernos enteros, ¿implica acaso que debemos prescindir de todo gobierno?

En medio de la modernidad, muchos rechazan la religión organizada pero aceptan el lenguaje organizado, un sistema nervioso organizado, una comisión de derechos humanos organizada y un organizado movimiento ecológico. En realidad, el término apropiado para todos estos casos es orgánico.

Un mundo sagrado particular —y todas las estructuras sutiles que lo sustentan— es esencialmente una manifestación orgánica y no una forma de organización accidental, arbitraria u opresiva. Lo Sagrado florece espontáneamente. La tendencia del ego personal y colectivo de controlar y oprimir no está en armonía con el poder trascendente que brota desde Lo Sagrado, la Fuente misma de toda existencia.

El Instituto de Lo Sagrado Luz sobre Luz pretende dar voz al conjunto de estas tradiciones, a los ciudadanos comprometidos en su interior con Lo Sagrado, para que la sabiduría intemporal y orgánica que las nutre, penetre e ilumine activamente con frescura la cultura moderna.

El hinduismo, el budismo, el taoísmo, el judaísmo, el cristianismo, el islam, el confucionismo, las innumerables tradiciones indígenas o regionales de Lo Sagrado, no son primordialmente instituciones sociales que puedan ser estudiadas desde fuera. Una tradición sagrada es un mundo sagrado íntegro, sin fronteras, inagotable en enseñanza y bendiciones.

El aprecio por la intrincada ecología de Lo Sagrado proveerá modos de resolver nuestras asfixiantes preocupaciones —incluyendo justicia social, respeto a los derechos humanos, protección ambiental, emancipación de adicciones diversas—, y puede ser una amplia vía de acceso hacia una educación comprensiva que integre y no soslaye las necesidades del espíritu vivo en cada ser humano y, sobre todo, hacia el desarrollo de una cultura que aprecie la diversidad cultural, política y religiosa emergente.

Un mundo sagrado no se construye como las presas, los puentes y las computadoras. Tampoco se lo puede traer a la existencia sobre la base de la genialidad de la imaginación creativa —como una novela o una obra de teatro. Un mundo sagrado no es una obra de arte individual ni colectiva. No es poesía o música, aunque éstas y otras disciplinas sí pueden, de hecho, expresar Lo Sagrado. Sólo podemos penetrar la esfera de un mundo sagrado a través de la amistad con sus guías, adeptos y ciudadanos comprometidos o iniciados. Para experimentar directamente un mundo sagrado, se tiene que vencer la inmensa fuerza de gravedad que ejerce sobre nosotros el egocentrismo y la negatividad.

Comprendemos con claridad que Lo Sagrado se expresará a sí mismo a través de la conciencia humana, tanto de manera completa y libre, como también en formas truncadas e incluso distorsionadas. Nadie puede volver realmente a la perspectiva no global que acepta o valida sólo una tradición sagrada. Actualmente encaramos una paradójica diversidad de mundos sagrados —sorprendentes paisajes distintos entre sí pero con correspondencias igualmente sorprendentes.

El estilo cultural de apertura que prevalece en muchas sociedades occidentales contemporáneas, nos permite considerar la posibilidad de abrazar el budismo, el hinduismo, el islam, o renovar la fe en la religión de nuestra infancia, ya sea judía, cristiana o indígena. Incluso nos permite imaginar que estamos totalmente fuera del ámbito de cualquier tradición sagrada, o probar diversas enseñanzas esotéricas o seculares de autenticidad cuestionable. Esta última situación resulta de la erosión de los universos sagrados de la humanidad. Paseamos por un centro comercial de cultura de exhibidor, más que realmente existir con asombro y compromiso dentro del ambiente integral de Lo Sagrado.

La solución espiritual a este dilema actual es considerar el mundo moderno secular y sus estándares flexibles como un llamado de Lo Sagrado al pluralismo cultural y religioso para evaluar que es de hecho una invitación de Lo Sagrado para que la humanidad moderna se adentre más en la existencia sagrada. Pero Lo Sagrado no puede florecer como una abstracción intelectual, como una nostalgia romántica, ni como una norma socialmente impuesta. Sólo brota del libre compromiso y la comunidad justa. Lo Sagrado es esencialmente una experiencia compartida y unificadora, no divide. Nuestra lucha sagrada es por la unidad, la continuidad, la comunidad, el compromiso y la coherencia. Tendremos que liberarnos de muchas suposiciones y prejuicios seculares modernos para generar genuinamente una forma sagrada de existir. Este es el camino delante del Instituto de Lo Sagrado Luz sobre Luz.

Este texto recoge la esencia del ensayo inédito "Joint Citizenship in Parallel Sacred Worlds" del autor Lex Hixon (1942-1995). El espíritu que él expresó en este texto y durante su vida es la inspiración del Instituto de Lo Sagrado Luz sobre Luz. A él y a su familia, nuestra gratitud y aprecio.


 


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